Before They Pass Away.

La cámara fotográfica es ese instrumento que enseña a la gente cómo ver sin una cámara

-Dorothea Lange

    Jimmy Nelson estudió durante 10 años en un colegio jesuita al norte de Inglaterra hasta que un día decidió que iba a atravesar el Tíbet a pie. Lo recorrió durante un año, armado con una cámara de fotos y regresando a casa con imágenes nunca vistas de un Tíbet hasta entonces inaccesible.
La fotografía era lo suyo. Cubrió acontecimientos como la incursión rusa en Afganistán, el conflicto entre India y Pakistán o el comienzo de la guerra en la antigua Yugoslavia. Aunque comenzó a trabajar para la publicidad de las marcas líderes mundiales, siguió tomando fotografías de culturas únicas y remotas con una cámara de placa tradicional que tenía más de 50 años, las cuales fueron adquiriendo cada vez mayor fama hasta que desembocaron en el proyecto Before They Pass Away

(El vídeo es un capítulo de una serie de documentales que realizaron a partir del proyecto, pero el primer minuto y medio lo explica perfectamente)

Durante el 2009-2010, pasó dos semanas en un total de 29 tribus del mundo, introduciéndose en sus tradiciones y rituales para asegurar que el mundo nunca olvide cómo eran las cosas antes de que desaparezcan. Un proyecto que Nelson explica así:

”En 2009, había planeado convertirme en el invitado de 31 tribus aisladas y visualmente únicas. Quería ser testigo de sus antiguas tradiciones, participar en sus ritos y descubrir cómo el resto del mundo amenaza con cambiar su forma de vida para siempre. Lo más importante es que quería crear un ambicioso documento estético fotográfico que resista el paso del tiempo. Un trabajo que constituiría un registro etnográfico insustituible de un mundo que desaparece rápidamente.”
Image
    “La pureza de la humanidad existe. Está en las montañas, las llanuras de hielo, la selva, a lo largo de los ríos y los valles. Jimmy Nelson encontró las últimas tribus y las observó. Sonrió y bebió sus misteriosos brebajes antes de sacar la cámara. Compartió lo que la gente real comparte: vibraciones, invisibles pero palpables. Ajustó su antena a su misma frecuencia. A medida que la confianza crecía, las tribus iban comprendiendo de la misión de Nelson: El mundo nunca debería olvidar cómo fueron las cosas.
Hay una belleza pura en sus metas y lazos familiares, sus creencias en sus dioses y la naturaleza, y en el deseo de hacer lo correcto para ser cuidados cuando llegue su hora. Ya sea en Papúa Nueva Guinea o en Kazajstán, en Etiopía o en Siberia, las tribus son el último recurso de la verdadera autenticidad. “
 
Image
www.beforethey.com La página oficial del proyecto, te permite ver los viajes realizados, una genial TEDTalk de Nelson y numerosas fotografías de cada tribu. Además de que las fotos son espectaculares, creo que es una oportunidad de ver y conocer más sobre estas culturas tan diferentes a las nuestras, pero al fin de al cabo bastante parecidas. Para que no caigan en el olvido.

“I didn’t start this project anticipating that I could stop the world from changing. I purely wanted to create a visual document that reminds us and generations to come of how beautiful the human world once was.”

– Jimmy Nelson
 

Kiss June. Not kiss anyone else.

ImageLa relación de Johnny Cash y June Carter es, probablemente, una de las más bonitas de la historia del Rock & Roll, se dice que les presentó Elvis Presley y que fue ella quien le ayudó a superar su problema de drogadicción “She loves me in spite of everything, -dice Cash- in spite of myself. She has saved my life more than once.” 

Johnny Cash a June Carter por su cumpleaños:

Image

Happy Birthday Princess,

We get old and get use to each other. We think alike. We read each others minds. We know what the other wants without asking. Sometimes we irritate each other a little bit. Maybe sometimes take each other for granted. But once in awhile, like today, I meditate on it and realize how lucky I am to share my life with the greatest woman I ever met.

You still fascinate and inspire me. You influence me for the better. You’re the object of my desire, the #1 Earthly reason for my existence.

I love you very much. Happy Birthday Princess.

John

Image

June falleció en mayo de 2003, él en septiembre del mismo año. Estuvieron 35 años casados. Poco después de morir June, Cash escribió esto:

Image

July 11 2003
Noon

I love June Carter, I do. Yes I do. I love June Carter I do. And she loves me.

But now she’s an angel and I’m not. Now she’s an angel and I’m not.

Image

«June era mis señales del camino, me hacía alzarme cuando estaba débil, me animaba cuando me desanimaba, y me amaba cuando estaba solo y me sentía desamparado. Es la mujer más grande que jamás he conocido. Nadie más, excepto mi madre, se le acerca».

Image

Con ágil naturalidad.

Puente

En la esquina que tenía delante, a 30 metros, había una chica de 18 o 19 años, de aspecto solitario y tímido, cansada, silenciosa y por tanto preciosa. Estaba esperando a que pasara un autobús para llevarla a casa después del trabajo.

Aunque estaba corriendo, a Spangler le resultó imposible no percibir la soledad de la chica. Y aunque tenía mucha prisa le dio la impresión de que aquella soledad era como la soledad de todas las cosas, que se encuentran aisladas entre sí.

Sin hacer el payaso y sin premeditación, con ágil naturalidad, fue a donde estaba la chica, se paró un momento y la besó en la mejilla. Antes de continuar su camino, le dijo la única cosa que era posible decirle:

-¡Eres la mujer más encantadora del mundo! 

William Saroyan. La Comedia Humana.

Luces de Asilah.

Ayer pasé la tarde en La Ciudad Invisible (por recomendación de -A.) y además de ser un lugar que todo el mundo debería visitar, sobre todo en estos días que hace tantísimo frío, hojeando las guías de viaje que tienen no podía dejar de rememorar el viaje a Asilah que hice este verano. Un destino también casi imprescindible. Y aquí está el por qué.

¿Qué sucede cuando una ciudad tiene de ediles dos artistas, uno pintor y otro fotógrafo? El resultado es que en esa ciudad el arte se apodera de la calle y rige su destino. Se produce también un profundo deseo de convertir la vida en una fiesta, que se ha de producir en cualquier momento, por cualquier razón que se presente.

Así lo describía Tchicaya U Tam’si, un poeta congoleño que allá por 1981 visitó la ciudad y desde entonces no pudo olvidarla.

El ambiente que se respira en Asilah se empieza a notar desde que dejas atrás Tánger para recorrer las larguísimas carreteras que bordean la costa. Una vez que bajas del taxi y ves los muros blancos de la ciudad, sabes que ahí hay algo diferente.

Asilah

Asilah es una ciudad costera marroquí que fue fenicia, cartaginense, romana, árabe, portuguesa y española. Ya durante el dominio árabe anterior al español, cuando era punto de encuentro de comerciantes del sur de España y alrededores, fue también punto de encuentro de científicos y eruditos, de escritores y artistas.  Ésto es algo que no han olvidado y por ello, entrar en Asilah supone encontrarse una pieza de arte en cada esquina.

Asilah 2

Y además de esto, aparecen también artistas como Sadik Haddari que tenía en la puerta de su estudio un lienzo bastante grande en el que cada viandante tenía la posibilidad de dejar un trazo, y además te caligrafiaba tu nombre con una técnica que no había visto nunca antes. Como si te diera las gracias por haber participado en lo que él llamaba una obra de arte de la humanidad. “Cada gesto caligráfico, decía, es como una nota de una composición musical, un movimiento de una danza, un anhelo creativo en el que participa todo el cuerpo.” 

También estaba El niño de las pinturas (por cierto, todos los proyectos de este artista son geniales) Con un mural que reza “El camino que nos une no necesita mapas” situado en un mirador que es uno de los puntos más bonitos de Asilah porque desde ahí se ve el mar azulísimo y la muralla portuguesa contrastando en blanco.El niño de las pinturas Asilah

Asilah 3

El caso es que en Asilah, según me explicaron, cada cierto tiempo diferentes artistas, escuelas, colaboradores, lo que fuera, podían pintar un callejón que se les cedía. Por ello se respira ese ambiente tan especial.

Mención importante también para sus ciudadanos. Es gente muy orgullosa de su ciudad que no duda en explicarte el por qué de cualquier aspecto que te pareciera interesante. En recomendarte, guiarte, ayudarte. Respetuosos, sonrientes y detallistas. Entre los marroquíes se mezclaban bohemios de todo el mundo que compraban un pequeño estudio y lo usaban de taller o de galería, de refugio.

Pero Asilah no es sólo una ciudad de Medina blanca con murales, además de los exteriores de la Medina, más parecidos a Marrakech, Tánger y las grandes ciudades, Asilah cuenta con unas playas espectaculares, a las que puedes ir en taxi o, como hicimos nosotros, en un carro tirado por un caballo (una experiencia inolvidable a la par que, de vez en cuando, algo arriesgada). Desde que visité sus playas la idea de que sólo en las películas es posible estar en una playa desierta ha desaparecido de mi mente.

Playa Asilah

Asilah Playa 2

En definitiva, Asilah es de esos lugares que te invitan a volver siempre, como diría Tchicaya

“Yo amo Asilah con un amor apasionado. Asilah, no me canso de volver a ella, en busca de serenidad. De paciencia. Enseguida la comprendemos, como a un corazón amado. Y sin embargo, siempre solicitamos una prueba más de que somos aún y siempre amados. ¡La evidencia tiene la claridad de sus muros encalados de un blanco nieve espumoso! El sol le añade un sabor de golosina. Uno se siente ávido de vida, desearía ser un gato y solicitar sus caricias. Los muros de Asilah son el susurrado canto de las manos que los han construido.”

Y puedo aseguraros que no exagera ni lo más mínimo.

 

El matrimonio no está hecho para ti.

 Alguien que empieza diciendo que el matrimonio no está hecho para él después de su primer año y medio de casado, seguramente tenga una historia bastante interesante que contar.

MARRIAGE ISN’T FOR YOU

Image

   “Having been married only a year and a half, I’ve recently come to the conclusion that marriage isn’t for me.

Now before you start making assumptions, keep reading.

I met my wife in high school when we were 15 years old. We were friends for 10 years until… until we decided no longer wanted to be just friends. I strongly recommend that best friends fall in love. Good times will be had by all.

Nevertheless, falling in love with my best friend did not prevent me from having certain fears and anxieties about getting married. The nearer Kim and I approached the decision to marry, the more I was filled with a paralyzing fear. Was I ready? Was I making the right choice? Was Kim the right person to marry? Would she make me happy?

Then, one fateful night, I shared these thoughts and concerns with my dad.

Perhaps each of us have moments in our lives when it feels like time slows down or the air becomes still and everything around us seems to draw in, marking that moment as one we will never forget.

My dad giving his response to my concerns was such a moment for me. With a knowing smile he said, “Seth, you’re being totally selfish. So I’m going to make this really simple: marriage isn’t for you. You don’t marry to make yourself happy, you marry to make someone else happy. More than that, your marriage isn’t for yourself, you’re marrying for a family. Not just for the in-laws and all of that nonsense, but for your future children. Who do you want to help you raise them? Who do you want to influence them? Marriage isn’t for you. It’s not about you. Marriage is about the person you married.”

It was in that very moment that I knew that Kim was the right person to marry. I realized that I wanted to make her happy; to see her smile every day, to make her laugh every day. I wanted to be a part of her family, and my family wanted her to be a part of ours. And thinking back on all the times I had seen her play with my nieces, I knew that she was the one with whom I wanted to build our own family.

My father’s advice was both shocking and revelatory. It went against the grain of today’s “Walmart philosophy”, which is if it doesn’t make you happy, you can take it back and get a new one.

No, a true marriage (and true love) is never about you. It’s about the person you love–their wants, their needs, their hopes, and their dreams. Selfishness demands, “What’s in it for me?” while Love asks, “What can I give?”

Some time ago, my wife showed me what it means to love selflessly. For many months, my heart had been hardening with a mixture of fear and resentment. Then, after the pressure had built up to where neither of us could stand it, emotions erupted. I was callous. I was selfish.

But instead of matching my selfishness, Kim did something beyond wonderful — she showed an outpouring of love. Laying aside all of the pain and anguish I had caused her, she lovingly took me in her arms and soothed my soul.

Marriage is about family.

I realized that I had forgotten my dad’s advice. While Kim’s side of the marriage had been to love me, my side of the marriage had become all about me. This awful realization brought me to tears, and I promised my wife that I would try to be better.

To all who are reading this article — married, almost married, single, or even the sworn bachelor or bachelorette — I want you to know that marriage isn’t for you. No true relationship of love is for you. Love is about the person you love.

And, paradoxically, the more you truly love that person, the more love you receive. And not just from your significant other, but from their friends and their family and thousands of others you never would have met had your love remained self-centered.

Truly, love and marriage isn’t for you. It’s for others.”

Seth Adam Smithsethadamsmith.com )

37 segundos.

37 segundos.

Respiramos, vibramos, nos regeneramos. 

El corazón nos late, la mente crea, el alma absorbe.

37 segundos bien utilizados es toda una vida.

wearetherhoads.com

“Cuando el Rey Lean muere en el quinto acto, ¿sabes cómo lo expresó Shakespeare? Escribió: muere. Eso es todo. Nada más. Ni fanfarria, ni metáfora, sin brillantes palabras finales. Así que la culminación de la obra de literatura dramática más influyente es: muere. Tuvo que ser Shakespeare un genio para expresar muere. Sin embargo, cada vez que leo esa palabra, me invade un infinito sentimiento de tristeza. Ya sé que es natural sentirse triste, pero no por la palabra muere, sino por la vida que hemos visto antes de esa palabra.

He vivido mis cinco actos, no te pido que te alegres de que me tenga que ir, sólo te pido que pases página, que continúes leyendo. Y des paso a la siguiente historia.

Y si alguien pregunta alguna vez qué ha sido de mí, cuéntale mi vida en todo su esplendor, y acaba con un sencillo y modesto murió.”

Mr. Magorium

How great leaders inspire.

How great leaders inspire es una TED Talk de Simon Sinek en la que se responde a la pregunta de por qué hay gente que puede llevar a cabo cosas que desafían todas las hipótesis. Comienza así, haciéndose esa pregunta. Y lo ilustra con el caso de Apple, los hermanos Wright y Martin Luther King.

Al parecer Sinek ha observado que hay un patrón. Un patrón que todos los líderes siguen a la hora de actuar, pensar y comunicar. Él lo llama El círculo de oro. Viene a ser un círculo dividido en tres, en la parte exterior se sitúa el Qué en el del medio el Cómo y en el interior Por qué. Tienen su explicación biológica, cada parte se corresponde con un área del cerebro al mirar su corte transversal. El qué sería el neocórtex, encargado de los pensamientos racionales y analíticos del lenguaje, los otros dos, pertenecen al cerebro límbico, donde se sitúa la confianza, la lealtad y la toma de decisiones.

Si se comunica de fuera para dentro, el cerebro registra datos objetivos, pero no nos mueve. Es al contrario, empezando por el por qué cuando hay algo que nos mueve, donde entra el juego el sentir. Así lo explica Sinek y procede a contar el caso de Apple con su Think Different y el cuestionar el Status Quo. La diferencia entre los hermanos Wright, que financiaban su sueño de crear una máquina voladora con los beneficios que les daba una tienda de bicicletas y Langley, que tenía el mismo objetivo y además estaba financiado por el Departamento de Guerra, y nunca habíamos oído hablar de él. Y de Martin Luther King, con su famoso Tengo un sueño. La diferencia entre un líder, alguien que tiene poder o autoridad, y alguien que lidera, que inspira. No tenemos por qué seguirle, pero lo hacemos porque queremos.

La charla en sí no tiene desperdicio, para quien no tenga 18 minutos que dedicarle, tiene la opción de mostrar la transcripción en español, que lleva mucho menos tiempo leerlo. Pero es altamente recomendable, tanto para tenerlo siempre en cuenta a la hora de emprender cualquier proyecto, como para entender mejor el mundo y a las personas. 

Personalmente, me quedo con la siguiente frase acerca de por qué el objetivo de toda empresa no debería ser contratar a gente que necesita un trabajo sino a gente que crea lo mismo que la empresa:

Si contratas a alguien porque puede desempeñar un trabajo, trabajarán por dinero. Pero si contratas gente que comparta tus creencias, trabajará con su sudor, sangre y lágrimas.

 

Cuando en una fundación se habla sobre la dignidad,

  “La dignidad es más importante que la riqueza. 

Pasará mucho, mucho tiempo antes de que podamos hacer que todo el mundo sea rico, pero podemos ayudar a la gente a encontrar la dignidad este año, -incluso ahora mismo si quisiéramos.

La dignidad llega con la creación de tu propio destino y del respeto que recibes de tu familia, tus conocidos y la sociedad. Un granjero capaz de alimentar a su familia y ganar suficiente como para enviar a sus hijos al colegio, se habrá ganado el respeto de los habitantes de su pueblo -y lo que es más importante, una conexión con el resto del mundo.

  El fácil arrebatarle la dignidad a alguien, pero es mucho más difícil otorgarla. Los últimos años nos han enseñado cuán conectado está el mundo -una prostituta en las calles de Nairobi es una figura en nuestra vida tan importante como lo es el cartero de la ciudad vecina. Y en un mundo en el que todo está conectado, lo más importante que podemos hacer es tratar a los nuestros con dignidad.

  Darle a un pobre comida o dinero puede que le ayude a sobrevivir un día más, pero no le otorga dignidad. Hay maneras mejores. Crear formas de que la gente resuelva sus propios problemas, no es tan sólo una oportunidad, es una obligación.”

Jacqueline Novogratz, Fundación Acuman 

Más allá de las dos cosas más importantes, el amor y la amistad, aparece la dignidad.

The man in the arena.

image

No importan las críticas; ni aquellos que muestran las carencias de los hombres, o en qué ocasiones aquellos que hicieron algo podrían haberlo hecho mejor.

El reconocimiento pertenece a los hombres que se encuentran en la arena, con los rostros manchados de polvo, sudor y sangre; aquellos que perseveran con valentía; aquellos que yerran, que dan un traspié tras otro, ya que no hay ninguna victoria sin tropiezo, esfuerzo sin error ni defecto.

Aquellos que realmente se empeñan en lograr su cometido; quienes conocen el entusiasmo, la devoción; aquellos que se entregan a una noble causa; quienes en el mejor de los casos encuentran al final el triunfo inherente al logro grandioso; y que en el peor de los casos, si fracasan, al menos caerán con la frente bien en alto, de manera que su lugar jamás estará entre aquellas almas que, frías y tímidas, no conocen ni victoria ni fracaso.

La Ciudadanía en una República. Teodore Roosevelt (La Sorbona, 1910).

My huckleberry friend

audrey-hepburn“There was once a very lovely, very frightened girl. She lived alone except for a nameless cat.”

Moon River, wider than a mile, I’m crossing you in style some day. Oh, dream maker, you heart breaker, wherever you’re going I’m going your way. Two drifters off to see the world. There’s such a lot of world to see. We’re after the same rainbow’s end– waiting ’round the bend, my huckleberry friend, Moon River and me.

Moon River, la canción de Desayuno con Diamantes compuesta por Henry Mancini y escrita por Johnny Mercer expresamente para la película, expresamente para Holly Golightly y para el registro de voz de Audrey. Entusiasmó al público en el pre estreno, a todos excepto a Marty Rackin, director de la Paramount que exigió que la quitaran, a lo que la propia Audrey respondió “Por encima de mi cadáver”. ¿Qué llevaría a Audrey a desear tanto la canción en la película?. Al parecer, Mercer en su autobiografía Portrait of Johnny: The life of Johnny Herndon Mercer, cuenta que con My huckleberry friend no es una referencia a, como comúnmente se cree, el personaje de la novela de Twain Huckleberry Finn, sino a un amigo suyo de la infancia, con el que solía recoger arándanos en las lindes de un río cercano a su casa en Georgia.

Mancini y Hepburn

Mancini y Hepburn

“- Me estás mintiendo. Estoy segura de que no es eso. Henry Mancini levantó los brazos en un gesto de impaciencia suma que sólo su mujer podría interpretar en toda su dimensión. Resoplando ruidosamente, se apartó del piano y comenzó a moverse en dirección a la alacena en la que se estaba contoneando descaradamente una botella de whisky durante toda la mañana. Se sirvió una cantidad poco prudente, dos hielos, sin posavasos, volvió junto a ella.

– Mira, Audrey. Me he preocupado durante la última semana de escucharte hablar y cantar en todas tus películas, desde Vacaciones en Roma hasta Una cara con ángel… todo ello para saber en qué tesitura de voz podíamos componerte la canción de marras. Después de esta sobredosis de azúcar, consigo componerte una música decente a la que Johnny le pone una letra a la altura de los viejos tiempos. ¿Y tú me dices ahora que este “Moon River” no te convence? ¿Y todo porque no entiendes la frase “My huckleberry friend”? ¡Por favor! 

Resopló de nuevo. Y mirando al letrista, Johnny Mercer, le espetó: – Al menos podías ayudar en algo, este trabajo lo necesitamos tanto tú como yo. Johnny bostezó. – Perfecto – restalló Henry. – Esa es la actitud. Capote se sentiría orgulloso de vosotros. Me voy a ver a Blake para decirle que, atendiendo a las demandas de su “estrella”, ha de suprimir la mejor escena de toda la película.

El portazo selló su precipitada salida. Ella nunca había pedido mucho. Sólo entender algunas cosas. Saber por dónde se andaba, para poder andar sabiendo. Tenía fama de reaccionaria porque le gustaba pensarse las cosas, pero es que a poco que una se las pensara, tenía claro lo que había que hacer. Sabía que la novela de Capote era más cruda que la película, pero para aquel que quisiera captar los velados matices críticos, era perfecta. Y para aquel que no guste de críticas, tenían la historia de amor, tal vez no al uso, pero amor al fin y al cabo.

Escuchó la canción la primera vez y se le hizo un nudo aquí. Era una de esas tocadas por un hálito de genialidad que se presentía desde la primera nota. Aprendió cuatro posiciones mal hechas a la guitarra para no sentir que estafaba al público. Capturó el aire alrededor de la ventana. Fijó la mirada en un lugar secreto y se olvidó de los focos. Cantó con una suavidad tal que hacía daño a sus labios. La primera vez hubo que repetir la escena porque George Peppard se quedó tan fascinado que no supo entrar en su momento ni se acordaba de qué demonios hacía él en esa película.

La escena quedó mágica, todos eran conscientes, pero, a medida que iban pasando los días, y entraban en la parte del montaje, Audrey se sentía cada vez más carcomida por la duda. Esa penúltima frase… My huckleberry friend… mi ¿amigo arándano?… mi ¿amigo huckleberry? … mi… En fin, no sabía por qué pero le estaba obsesionando. Se lo comentó a Henry Mancini que le dio una larga y solemne explicación del sentido de la amistad en el libro de Mark Twain, Huckleberry Finn. La referencia la dejaba algo fría. Un resabor amargo. No es que no apreciara al escritor, es que la primera vez que oyó la canción, tuvo la sensación de que tras ese verso se escondía una de esas verdades esenciales que hay que esforzarse en desentrañar. Un “aquí hay algo que no acabo de entender pero que sé que es muy importante”. No cuadraba. Habló con Edwards, que le hizo notar cómo en una escena de la película, se visten con máscaras de Huck. Y así la canción se convierte en una improvisada declaración de amor hacia el personaje de George Peppard. Audrey se quedó pensando el asunto un par de días, mientras el equipo de vestuario daba unos retoques a los Givenchy que paseaba por la película. Pero no. Eso tampoco valía. Las caretas fueron improvisadas y le canción tenía letra desde antes. No era eso.

Mientras, Manciny había vuelto de hablar con el director Blake Eduards. La productora estaba de acuerdo. Quitarían esa escena del metraje final si Audrey no estaba convencida. De hecho, estaban encantados con ello, les parecía demasiado sugerente. No era lo que se decía sino lo que se insinuaba… En ese momento, Johnny Mercer, impasible hasta entonces, se puso algo lívido tras oír la noticia y le pidió a Manciny si les podían dejar solos. Audrey se quedó helada. El portazo de Henry y su prosa poco elaborada, dieron su consentimiento.– Teníamos que haber hecho caso a Capote y contratar a Marylin, que es mucho menos remilgada y al menos tiene carne. Su voz se perdió por el pasillo. – ¡Qué situación más incómoda! – pensó para sí Audrey.

Mercer tenía muy mala fama. De hecho, era considerado poco más que un degenerado. En el rencoroso mundo de Hollywood, pocos iban a perdonarle su affair con Judy Garland. De poco valían las explicaciones. Que esa niña que sale en El mago de Oz tiene 18 años. Que no es niña. Que es mujer. Que se deseaban y querían de verdad. Él 12 años mayor que ella. Pero ahí se quedó, como el monstruo que se llevó a la cama a la niña de América. Eso sumado a que los años en los que el jazz estaba a la orden del día, habían acabado, hacían de Mercer una figura en decadencia. Habían tocado canciones suyas Louis Armstrong, Benny Goodman, Frank Sinatra, Ella Fitzgerald y un interminable etcétera. Pero sus dudosos amoríos, problemas con el alcohol y literatura elaborada con continuas referencias a la América profunda, no acababan de cuajar hoy día. El colmo de la ironía llegó cuando, en 1958, se grabó una de las consideradas unánimemente por la crítica, mejores canciones de la historia, el Autumn Leaves, para el que él había preparado una letra, adaptando el original francés… Y la grabaron sin letra… Desolador. Así que Audrey, no dada al prejuicio pero sí cauta, estaba incómoda. Johnny habló.

– ¿Te acuerdas bien de cuando eras pequeña?  Pese a las apariencias, era una pregunta retórica. No contestó.

– Yo, no demasiado. A pesar de mis letras no soy una persona que tienda a la melancolía. Las cosas pasadas, pasadas están. Los amores me han calcinado este músculo tan curioso que tenemos dentro del pecho, y el alcohol se ha encargado de reducirlo a cenizas. Escribo, pues, casi siempre sin alma. Buscando el don de la fantasía del público. La mayor parte de ellos trabaja y vuelve a casa. Y luego trabaja otra vez. Las pasiones amorosas, la soledad, la dignidad… están fuera de su marco de acción. No practican. Fingen religiosidad, buenas maneras y tartas de manzana para los nuevos vecinos. Pero el pecho lo tienen yerto. Sólo cuando se sube al escenario alguien dotado con una luz especial, se permiten el placer de imaginarse protagonistas de algo en su vida. Por tres minutos. De eso vivo. De dar tres minutos de protagonismo a los don nadies.

Audrey le miraba con los ojos cada vez más abiertos.

– A todos se nos va olvidando, o vamos reescribiendo las cosas que nos pasaron. Pero hubo una época en la que yo era un invencible. Una época en la que yo sabía volar. Una época en la que esconderte bajo tus sábanas te aseguraba la invulnerabilidad. Y las cosas se hacían sin ambages, sin dobles raseros, con la inocencia del que no conoce las miserias humanas. Recuerdo (y es casi lo único que recuerdo de cuando era pequeño) que yo tenía amigos. Amigos de verdad. Amigos de los de “nada me pasa si estoy con vosotros”. Crecidos del polvo y el sudor del verano. Solíamos juntarnos en los interminables atardeceres de Savannah a desmigar los días y anaranjar nuestros rostros con las últimas luces de la tarde. No existía el cansancio, ni el tiempo ni la memoria. Cuando estábamos en época, nos íbamos por el linde del río a recoger arándanos. Era un camino peligroso, o lo que entiende un niño por peligroso, plagado de zarzas, desniveles y raíces superficiales que te hacían volver a casa magullado y con gotitas de sangre en la camisa. Éramos muchos chicos, pero a coger arándanos, unos pocos. Apenas cuatro o cinco valientes. Los que sabíamos que haríamos cualquier cosa por los otros. Con esa fidelidad ciega de los niños. Unos amigos a los que quieres antes de la llegada del sexo, la mujer, los formulismos, la mentira. Si les quieres abrazar, les abrazas, y les cuentas de tus juguetes favoritos y te ríes sólo de la felicidad de estar con ellos. Ellos eran la libertad convocada. El respeto. La dignidad.

Audrey, con los ojos vidriosos, asentía.

– Muy pocas cosas soy capaz de echar de menos. Estoy muerto por dentro. Soy sólo un soplo de aire. Frívolo. Mezquino. Insulso. Degenerado. Mentiroso. Pero yo tenía amigos. Amigos. De esos de los que uno se echa a llorar sólo de recordarles. De los que se llevaron algo que tenía aquí dentro y que ahora me falta. No tiendo a la melancolía. No tengo sensibilidad suficiente para echar de menos nada… Pero echo de menos a mis amigos, con los que iba a recoger arándanos. Los invencibles. Los niños libres de este mundo. De esa época en la que aprendimos a levantarnos felices entre raspones y cardenales. Mis amigos de los arándanos. My huckleberry friends.

Dicho esto, recogió su chaqueta y sin decir palabra, salió de la sala mientras el sudor le marcaba en las axilas de su camisa barata el esfuerzo de la confesión. Audrey, siempre dulce, siempre dispuesta, siempre Audrey, tuvo que hablar con la productora, que estaba empeñada en quitar la escena de la ventana porque, además de lo sugerente, estaba mal cantada. Por una vez, fue clara y cortante como el hielo, hasta el punto que su frase fue recogida por todos los cronistas:

– ¿Quitar la escena? Por encima de mi cadáver.”