Luces de Asilah.

Ayer pasé la tarde en La Ciudad Invisible (por recomendación de -A.) y además de ser un lugar que todo el mundo debería visitar, sobre todo en estos días que hace tantísimo frío, hojeando las guías de viaje que tienen no podía dejar de rememorar el viaje a Asilah que hice este verano. Un destino también casi imprescindible. Y aquí está el por qué.

¿Qué sucede cuando una ciudad tiene de ediles dos artistas, uno pintor y otro fotógrafo? El resultado es que en esa ciudad el arte se apodera de la calle y rige su destino. Se produce también un profundo deseo de convertir la vida en una fiesta, que se ha de producir en cualquier momento, por cualquier razón que se presente.

Así lo describía Tchicaya U Tam’si, un poeta congoleño que allá por 1981 visitó la ciudad y desde entonces no pudo olvidarla.

El ambiente que se respira en Asilah se empieza a notar desde que dejas atrás Tánger para recorrer las larguísimas carreteras que bordean la costa. Una vez que bajas del taxi y ves los muros blancos de la ciudad, sabes que ahí hay algo diferente.

Asilah

Asilah es una ciudad costera marroquí que fue fenicia, cartaginense, romana, árabe, portuguesa y española. Ya durante el dominio árabe anterior al español, cuando era punto de encuentro de comerciantes del sur de España y alrededores, fue también punto de encuentro de científicos y eruditos, de escritores y artistas.  Ésto es algo que no han olvidado y por ello, entrar en Asilah supone encontrarse una pieza de arte en cada esquina.

Asilah 2

Y además de esto, aparecen también artistas como Sadik Haddari que tenía en la puerta de su estudio un lienzo bastante grande en el que cada viandante tenía la posibilidad de dejar un trazo, y además te caligrafiaba tu nombre con una técnica que no había visto nunca antes. Como si te diera las gracias por haber participado en lo que él llamaba una obra de arte de la humanidad. “Cada gesto caligráfico, decía, es como una nota de una composición musical, un movimiento de una danza, un anhelo creativo en el que participa todo el cuerpo.” 

También estaba El niño de las pinturas (por cierto, todos los proyectos de este artista son geniales) Con un mural que reza “El camino que nos une no necesita mapas” situado en un mirador que es uno de los puntos más bonitos de Asilah porque desde ahí se ve el mar azulísimo y la muralla portuguesa contrastando en blanco.El niño de las pinturas Asilah

Asilah 3

El caso es que en Asilah, según me explicaron, cada cierto tiempo diferentes artistas, escuelas, colaboradores, lo que fuera, podían pintar un callejón que se les cedía. Por ello se respira ese ambiente tan especial.

Mención importante también para sus ciudadanos. Es gente muy orgullosa de su ciudad que no duda en explicarte el por qué de cualquier aspecto que te pareciera interesante. En recomendarte, guiarte, ayudarte. Respetuosos, sonrientes y detallistas. Entre los marroquíes se mezclaban bohemios de todo el mundo que compraban un pequeño estudio y lo usaban de taller o de galería, de refugio.

Pero Asilah no es sólo una ciudad de Medina blanca con murales, además de los exteriores de la Medina, más parecidos a Marrakech, Tánger y las grandes ciudades, Asilah cuenta con unas playas espectaculares, a las que puedes ir en taxi o, como hicimos nosotros, en un carro tirado por un caballo (una experiencia inolvidable a la par que, de vez en cuando, algo arriesgada). Desde que visité sus playas la idea de que sólo en las películas es posible estar en una playa desierta ha desaparecido de mi mente.

Playa Asilah

Asilah Playa 2

En definitiva, Asilah es de esos lugares que te invitan a volver siempre, como diría Tchicaya

“Yo amo Asilah con un amor apasionado. Asilah, no me canso de volver a ella, en busca de serenidad. De paciencia. Enseguida la comprendemos, como a un corazón amado. Y sin embargo, siempre solicitamos una prueba más de que somos aún y siempre amados. ¡La evidencia tiene la claridad de sus muros encalados de un blanco nieve espumoso! El sol le añade un sabor de golosina. Uno se siente ávido de vida, desearía ser un gato y solicitar sus caricias. Los muros de Asilah son el susurrado canto de las manos que los han construido.”

Y puedo aseguraros que no exagera ni lo más mínimo.

 

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