Beauty in a plastic bag.

“Era uno de esos días en que está a punto de nevar… y el aire esta cargado de electricidad. Casi puedes oírla. ¿verdad? Y esa bolsa está bailando… conmigo… como un niño pidiéndome jugar, durante quince minutos. Es el día en que descubrí que existe vida bajo las cosas y una fuerza increíblemente benévola que me hacía comprender que no hay razón para tener miedo jamás. El vídeo es una triste excusa, lo sé, pero me ayuda a recordarlo; necesito recordar a veces que hay tantísima belleza en el mundo que siento que no lo aguanto, y que mi corazón va a colapsar.”

Cuesta seguir enfadado cuando hay tanta belleza en el mundo. A veces siento como si la contemplase toda a la vez, y me abruma, mi corazón se hincha como un globo que esta a punto de estallar. Pero recuerdo que debo relajarme, y no aferrarme demasiado a ella, y entonces fluye a través de mi como la lluvia, y no siento otra cosa que gratitud por cada instante de mi estúpida e insignificante vida. No tienen ni idea de lo que les hablo, seguro, pero no se preocupen: algún día la tendrán.”

American Beauty

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Entender exige talento, también exige coraje.

¿Es nuestro deber entender? La respuesta es sí.

Entender, claro está, no significa disculpar; mejor dicho: significa lo contrario. El pensamiento y el arte se ocupan de explorar lo que somos, revelando nuestra infinita, ambigua y contradictoria variedad, cartografiando así nuestra naturaleza.

Shakespeare o Dostoievski iluminan los laberintos morales hasta sus últimos recovecos, demuestran que el amor sabe conducir al asesinato o al suicidio y logran que sintamos compasión por psicópatas y desalmados; es su obligación, porque la obligación del arte (o del pensamiento) consiste en mostrarnos la complejidad de lo real, a fin de volvernos más complejos, en analizar cómo funciona el mal, para poder evitarlo, e incluso el bien, quizá para poder aprenderlo.

Nada debe escapar a su escrutinio, y por eso siempre me intrigó que, en Si esto es un hombre, Primo Levi escriba refiriéndose a Auschwitz: “Tal vez lo que ocurrió no deba ser comprendido, en la medida en que comprender es casi justificar”. Viniendo de cualquier otro, la frase quizá no tendría importancia; no así viniendo de Levi, a quien debemos acaso el mejor testimonio del Holocausto. ¿Entender es justificar? ¿O es que Auschwitz come aparte? ¿No es contradictoria la frase de Levi con el hecho de que él mismo se pasase la vida intentando entender el Holocausto y por eso declarara: “Para un hombre laico como yo, lo esencial es comprender y hacer comprender”? Sólo Tzvetan Todorov, que yo sepa, ha explicado convincentemente esa contradicción. Según él, la advertencia de Levi no vale más que para el propio Levi y los otros supervivientes de los campos nazis: estos no tienen que intentar comprender a sus verdugos, porque la comprensión implica una identificación con ellos, por parcial y provisional que sea, y eso puede acarrear su propia destrucción. Pero los demás no podemos ahorrarnos el esfuerzo de comprender el mal, sobre todo el mal extremo, porque, como concluye Todorov, “Comprender el mal no significa justificarlo, sino darse los medios para impedir su regreso”.

Eso casi nunca es fácil. No sólo porque entender exige talento; también porque exige coraje. Quiero decir que entender es peligroso, que quien se atreve a hacerlo y a contar lo que ha entendido, por complejo e incómodo que sea, se arriesga a ser malinterpretado, atacado, acusado de traidor y de revisionista, que es la injuria habitual de los conformistas y los timoratos contra quienes no se resignan a la ortodoxia embustera de los lugares comunes.

Claro que quien no quiera correr el riesgo de ser llamado traidor y revisionista no debería salir de casa. O al menos no debería escribir.

Javier Cercas

Adaptado

La luna es la distancia de aquí a la luna.

Stairway

HACE TRES DÍAS regresaron los hombres de la luna. Nadie habla de otra cosa.

Fue un viaje magnífico y aterrador. La Televisión nos la enseñó de cerca: ¿Arena, cenizas, roca?, el horizonte demasiado breve, parecía que el astronauta se fuera a caer por la borda.

¡Cuantas cosas averiguaremos de la luna! Su estupenda, desolada soledad infinita, su enrarecimiento, ¿su vacío?, su superficie igual que el espacio que la rodea: caminos empedrados hacia todas las estrellas. Sabremos muchas cosas de la luna, su composición química, distancias, logros y grafías. Y sin embargo… ¿Le quitarán su miel?, ¿Perderá su ternura?

Quiero pensar que no ha pasado nada. La luna no es eso. La luna es la distancia de aquí a la luna. Es la luz de la luna mansa e infinita. Es también su sombra, la certeza de que está allí esperando.

Mientras no nos la quiten, mientras no la hagan girar en órbita alrededor de otro planeta, la luna será nuestra como siempre hemos pensado: un hermoso sueño, una distante luz que nos penetra, un suave amor profundo y quieto en nuestro corazón.

La luna será siempre el resplandor que sale de nosotros en la noche y en la soledad.

Jaime Sabines.

De cuando Apple vuelve a superarse.

El nuevo spot de Apple para iPad Air se llama Your Verse Anthem y utiliza un fragmento de la película El Club de los Poetas Muertos 

“No leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería… son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son cosas que nos mantienen vivos. Citando A Whitman:

“Oh mi yo, oh vida de sus preguntas
que vuelven del desfile interminable de los desleales,
de las ciudades llenas de necios
¿qué hay de bueno en estas cosas, oh mi yo, oh vida?

Respuesta

Que tú estás aquí,
que existe la vida y la identidad,
que prosigue el poderoso drama…
y que tú puedes contribuir con un verso” .

¡Que prosigue el poderoso drama… y que puedes contribuir con un verso!, ¿Cuál será tu verso?”

Y hoy, presenta dos versiones reducidas, basadas en este primer anuncio, repitiendo “To quote from Whitman, That you are here, that life exists, and identity; that the powerful play goes on and you may contribute a verse. That the powerful play goes on and you may contribute a verse. What will your verse be?”

Light Verse

Sound Verse

El fragmento en inglés:

We don’t read and write poetry because it’s cute. We read and write poetry because we are members of the human race. And the human race is filled with passion. And medicine, law, business, engineering, these are noble pursuits and necessary to sustain life. But poetry, beauty, romance, love, these are what we stay alive for. To quote from Whitman,

“O me! O life!… of the questions of these recurring;

of the endless trains of the faithless… of cities filled with the foolish;

what good amid these, O me, O life?”

Answer.

That you are here – that life exists, and identity;

that the powerful play goes on and you may contribute a verse.”

That the powerful play goes on and you may contribute a verse. What will your verse be?

Días lluviosos, equipaje perdido y enredos imposibles en las luces de Navidad.

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“He aprendido que no importa lo que ocurra, o lo malo que pueda parecer el día, la vida sigue, y todo irá mejor mañana.

He aprendido que puedes saber mucho de una persona según cómo se las apañe con estas tres cosas: un día de lluvia, equipaje perdido, y los enredos imposibles en las luces de Navidad.

He aprendido que independientemente de la relación que tengas con tus padres, les echarás de menos cuando se vayan de tu vida. Que ganarse la vida no es lo mismo que vivir. Que de vez en cuando la vida te da una segunda oportunidad.

He aprendido que no deberíamos ir por la vida como si lleváramos un guante de receptor en ambas manos; que necesitamos tener una libre, para poder arrojar algo a cambio. Que generalmente, cuando he decidido tomar una decisión con el corazón abierto, he tomado la decisión correcta. Que cuando siento dolor, no tengo por qué causarlo. Que deberíamos tratar de comprender y conmover a alguien cada día. A la gente le encanta un abrazo cálido, o una simple palmada amistosa en la espalda. He aprendido que aún tengo mucho que aprender.

He aprendido que la gente olvidará lo que dijiste, olvidará lo que hiciste, pero jamás olvidará cómo les hiciste sentir.

Maya Angelou

Un consejo de Jason Russell.

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“Your life is bigger than your best dream for it.

It will be harder, more messy, more painful. It will be more, more, more.

But it will be worth it. It will be better.

Find the dream for your life and pursue it with all your might.”

Jason Russell, co-fundador de Invisible Children Inc., autor de Kony 2012

Una historia para sonreír.

Hay historias que te hacen sonreír y pensar que puede que al fin de al cabo, no seamos tan malos como parece.

Y contar una de estas historias me parece la mejor forma de empezar este nuevo año. La escuché en la radio hace poco, tan bien contada por Carlos Alsina que merece la pena transcribirla.

Esta historia empieza y termina con un niño llamado Danny Keefe.

Tiene seis años y muchas características que lo definen. Es rubio. Tiene el pelo liso y peinado con raya a la izquierda. Es de los menos altos de su clase. Es de los que, cuando se lo proponen, es capaz de chillar más alto. Le gusta dibujar ventanas con un rotulador gordo. Y le gusta el fútbol americano. Le gusta tanto que, aunque sólo tiene seis años, hace de aguador para el equipo de su colegio, el que forman los chicos mayores, los de diez años. ¿Que qué es aguador? Pues el que lleva el agua. Se encarga de las botellitas de plástico de los partidos, y él las lleva de una forma un poco llamativa porque tiene una forma llamativa de caminar. No es un chaval muy coordinado, digamos. Y tampoco muy hablador, porque hablar no se le da muy bien. Le cuesta traducir lo que piensa a esto que llamamos el lenguaje verbal, o sea, decir cosas. Cuando los chicos mayores –los de diez años- le preguntaron al entrenador por qué Danny hablaba tan raro y por qué se movía de esa forma tan…curiosa, el entrenador les soltó una palabra que les sonó a chino pero que ya no han olvidado. Les dijo: Apraxia. ¿Podría repetir? Apraxia.

Que falla un poco la conexión entre la idea y su ejecución. Es como si tú dijeras: voy a decirles a estos señores una cosa. Pero a tu cuerpo le costara entender que para eso tiene que mover la boca.

Los mayores lo entendieron a la primera porque les recordó lo que a ellos mismos les pasa cuando se acaban de despertar por la mañana. Que su cabeza dice: a levantarse. Pero su cuerpo se hace el loco y sigue tan feliz, ahí tumbado. Por lo menos esa es la explicación que Tommy, el capitán del equipo, le dio a su madre la otra mañana: “Es que mi aparato motor”, le dijo, “es como un ordenador, desde que lo enciendes hasta que puedes hacer con él ya alguna cosa pasan varios minutos”. Tommy se lo dijo convencido de estarle descubriendo a su madre un mundo nuevo de conocimientos anatómico-informáticos, pero todo lo que ella le respondió fue: “Anda, anda, anda”.

Que en el idioma de las madres significa que no se han creído nada. Se nota porque lo repiten tres veces. Un solo “anda” es que “vamos”. “Anda, anda” es “no me cuentes cuentos”. Y “anda, anda, anda” es no me cuentes cuentos que soy tu madre, listillo. Ese día ella hizo ver que se enfadaba, pero en realidad la madre de Tommy está muy orgullosa de él.

Y está muy orgullosa de él porque se ha enterado de lo que Tommy hizo cuando supo que el niño aguador de su equipo de fútbol, Danny (el del pelo rubio y los movimientos (descoordinados) estaba pasándolo un poco mal por culpa de un grupito de enanos como él, los pequeños de seis y siete años, que le gastaban bromas pesadas, le ponían motes y se reían de él todo el tiempo. Ah, porque no os he contado que, además de todas las características de Danny que antes os dije (el pelo rubio, los dibujos que hace con rotulador, lo que chilla cuando se pone) hay otra que ésta sí que es suya y  solo suya.

A Danny, seis años, le encanta ir al colegio con chaqueta, corbata y un sombrero de fieltro. Qué te parece. Todos los días, además de su pantalón, su camisa, sus calcetines, se pone una corbata, un sombrero y una chaqueta, que como cuesta encontrarlas de su talla es posible que le queden un poquito grandes, pero tan elegante que se ve él y tan contento que está con su vestuario. A sus padres no les preguntes de dónde le salió a su niño la afición a encorbatarse porque juran que no lo saben. Y si el chaval, en esto, ha salido precoz, adelantándose a la cantidad de corbatas que tendrá que ponerse cuando sea adulto, pues no le iban a frustrar la iniciativa.

El caso es que Danny se presentaba en clase bien trajeado y un grupito de compañeros se empeñaban en martirizarle todo el tiempo tocándole las narices hasta que se avergonzara de ser como es. Entonces se enteró Tommy, el capitán del equipo de fútbol de los mayores. Lo primero que hizo fue enfadarse, porque le parecía increíble que esos niños pudieran ser tan crueles sabiendo que Danny tenía eso que les había dicho el entrenador, ¿cómo era?, “Apraxia”. Pero después se le ocurrió una idea que hizo que el enfado se le pasara. Porque supo que era una muy buena idea. Se la contó a los demás miembros del equipo y a ellos les pareció una pasada de idea. Y cuando se la contó a su madre, ella primero se quedó así, muda y con los ojos muy abiertos, después se le empezó a poner como agüilla en los ojos y luego le dijo “¡Anda!”.

Sólo un “anda”. Que en el idioma de las madres significa “Vamos”. ¡Haz realidad la idea y ayuda a Danny!

Al día siguiente, cuando Danny llegó al colegio con su chaqueta y su corbata, se cruzó con un niño que también iba trajeado. Y dos metros después, otro niño. Y luego, otro. Y cinco de los mayores que iban todos juntos presumiendo de sus corbatas. Y en la puerta de su clase, esperándole, todos los jugadores del equipo de fútbol vestidos como él. A Danny se le abrieron tanto los ojos que los que le vieron le dijeron luego que parecía un dibujo animado japonés. Y también que se le había puesto un poco de agüilla en los ojos, como a la madre de Tommy.

Los niños que le hacían la vida imposible se quedaron tan cortados que a lo mejor hasta se avergonzaron un poco de ellos mismos. Y se morían de envidia cuando medio colegio empezó a vitorear a Danny y a decirle que es el niño más genial que ha habido nunca en primaria, y el que mejor lleva las botellas de agua en los partidos. Él no dijo apenas nada, porque hablar no es su especialidad, pero su madre ha contado luego que esa noche se fue a dormir llorando a moco tendido. Y que cuando ella, preocupada, le dijo: “Pero hombre, ¿por qué lloras?” -bueno, seguramente se lo dijo en idioma más de madre, “¿Qué tienes, cariño mío?”- Danny le respondió que lloraba de alegría porque nunca se había sentido tan, tan, tan querido. Fin.

Es una bonita historia, ¿No os parece?

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