El destino nos llama a todos.

Hay sólo dos maneras de ver la vida:
una como si nada fuera un milagro
y la otra como si todo fuera milagroso.
Albert Einstein

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¿Y si érase una vez un cielo sin estrellas?
¿Y si las estrellas no son lo que creemos? ¿Y si la luz en la lejanía no viene de los rayos de los distantes soles, sino de nuestras alas al convertirnos en ángeles?
El destino nos llama a todos, y hay un mundo más allá del nuestro donde todos estamos conectados, todos somos parte de un gran y conmovedor plan. La magia está en cada rincón, sólo hay que observar. Observar atentamente. Pues ni siquiera el tiempo y la distancia son lo que parecen. Todos estamos conectados. Cada recién nacido lleva un milagro dentro, un único propósito, y ese milagro es una promesa para otra persona, y sólo una. Somos navegantes con rumbo a nuestro destino para encontrar a la persona para la que es nuestro milagro.

¿Por qué tantas cosas habrían de conspirar para salvar la vida de una persona? Pero, ¿y si todos somos únicos y el Universo nos quiere a todos por igual? Tanto, que se desdobla a lo largo de los siglos por cada uno de nosotros; y, a veces, tenemos la suerte de verlo. Ninguna vida es más importante que otra. Y nada es casual. Nada. ¿Y si todos somos parte de un gran patrón que quizás un día llegamos a entender? Y un día, una vez hecho lo que sólo nosotros somos capaces de hacer, nos elevamos y nos reunimos con esos a los que más hemos querido, para abrazarlos por siempre.

¿Y si nos convertimos en estrellas?

Cuento de invierno.

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