Sé la mejor versión de ti mismo.

JT

Buenas tardes a todos.

Cuando yo tenía 16 años, mi prima se sentó a mi lado y me dijo las siguientes palabras: “Me divorcio. No entiendo a Pablo”. Evidentemente quien no entendió nada fui yo. Pero una pregunta se me quedó grabada en la cabeza, ¿Por qué no funcionan las relaciones? Dos años después murió mi padre, y mi vida se convirtió en una novela de García Márquez. Yo vivía con mi madre, con mi hermana, con mi prima recién divorciada, y con mi abuela. Entonces tenía dos opciones: volverme loco, o escribir. Evidentemente elegí escribir. Y sobre qué iba a escribir? Empecé a escribir sobre lo que tenían las mujeres de mi casa en su cabeza. Decidí escribir sobre relaciones. Al principio lo hice de manera ocasional, y más tarde en medios profesionales, en revistas de moda y tendencias. Cuando llegué a Madrid, a la redacción en plena Castellana, fue gracioso porque, cuando me recibieron, me comentaron: ¿De qué quieres escribir? ¿Quieres escribir sobre gastronomía o cine, que es tu tema? Y dije “No. Quiero escribir sobre relaciones.” Así que empecé a escribir sobre relaciones.

En realidad, mi plan secreto era otro, era poder responder a esta pregunta que espero responder hoy: ¿Por qué no funcionan las relaciones? ¿De quién es la culpa? Lo primero, saber dónde estamos hoy. Y a día de hoy, en España, se produce un divorcio cada seis minutos. Un divorcio cada seis minutos. En el tiempo que dure esta charla, se habrán divorciado dos personas –esperemos que no sean de la sala, evidentemente. Cuando haya acabado la tarde, habrán sido cien personas las que se habrá divorciado.

Vamos a volver a mi prima. Mi prima conoció a Pablo en las fiestas de su pueblo; los presentó un amigo en común, estuvieron saliendo creo que cuatro años, y se casaron. Hoy mi prima no conocería a Pablo en las fiestas de su pueblo (gracias a Dios, eran horribles.) Hoy mi prima conocería a su pareja en Internet. Y es que el 75% de los solteros admite que alguna vez en su vida ha utilizado Internet para buscar pareja. Hasta el 20% de los matrimonios que se producen hoy se han conocido bien en las redes sociales, bien en portales de citas online. Portales de citas online.

Hace justamente un año, creé junto con unos amigos una aplicación móvil para iPhone de citas online. Cuando hacíamos los estudios de mercado y las dinámicas de grupo, nos encontrábamos con una realidad que, a día de hoy a mí me sigue sorprendiendo: la mayoría de los usuarios, tantos hombres como mujeres, siguen buscando lo mismo, una pareja estable. Una pareja estable como el símbolo de la felicidad. Yo supongo que ellos pensaban: “Si mis abuelos y mis padres formaron una familia, esa debe ser la felicidad”.

Así que hoy nos encontramos con una paradoja curiosísima. Nunca ha sido más fácil encontrar pareja, porque hay muchos millones de solteros en España. Y sin embargo nunca ha habido tantos divorcios, broncas, peleas y juicios por lo penal. Es horrible. ¿Dónde está el problema? ¿Cuál es el origen del conflicto? Hemos hablado de los abuelos. Voy a volver ahora a los abuelos, porque una de las respuestas que obteníamos en las dinámicas, era que mucha gente sigue poniendo la relación de sus abuelos como el espejo en el que mirarse. No la de sus padres, que suele ser un desastre, la de sus abuelos. Así que he creado una gráfica, grosso modo, de cómo eran las relaciones hace dos generaciones.

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Dos líneas y una curva que representa la relación a lo largo de los años. Hay diferentes hitos que representan, como escenas de un videojuego, pantallas que te vas pasando: una es el matrimonio, los hijos, la primera casa que te compras, la educación de los hijos… Y está todo supeditado a un objetivo superior, que es asegurar el bienestar de la familia. Y las necesidades y particularidades de cada uno, de los dos, tanto para ella como para él, quedan relegadas a un segundo plano ante este bien superior: La Familia. ¿Qué ha pasado hoy? Que una de las dos líneas, se rompe.

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Pero más interesante que esto, es el hecho de que ha desaparecido de la ecuación ese gran objetivo final. A día de hoy, asegurar el bienestar de la familia ya no forma parte de las relaciones. ¿Qué es lo que pasa? Emerge el Yo. Emergen las necesidades, las dudas y las inquietudes de cada uno, y se ponen en primera persona.

Desde mi punto de vista –esto ya personal, esto revela un conflicto interesantísimo que es el que está en el fondo del todo; y es la manera diferente que tienen los dos géneros de vivir una relación. Para ellas, para vosotras, una relación es un proceso. Para nosotros, es un estado. Voy a explicar esto mejor:

Para ellas una relación es un proceso de avance hacia algún sitio. Una relación es una estación de salida: estamos juntos, vamos a viajar juntos. Y el cambio, forma parte natural de ese proceso. Eso es muy bonito. Para nosotros, la relación es un estado, algo estático, un sofá mullido y cálido en el que estamos de puta madre, estamos muy cómodos; la relación como una estación de llegada. Es un poco la metáfora perfecta de la zona de confort definitiva; estamos juntos, pues quedémonos aquí, ¿Por qué hay que moverse? Progreso. Estado. Ella se está moviendo, y él está parado. ¿Resultados? Problemas, conflicto.

La pregunta evidente es, ¿Por qué cuando llega el momento de sacrificarse, y seguir avanzando en la línea en pos de un bien común, por qué tiramos tanto de la cuerda que se rompe al final? Vamos a pensar en el hombre, ¿Por qué se raja a mitad de camino? Y, para hacerlo, vamos a pensar en por qué no lo hacía ese hombre de hace dos generaciones. Vamos a poner sobre el tablero las razones sociales y familiares que hacían que ese hombre, que nuestro abuelo, no se bajase del barco:

Sacrificio. El sacrificio, estuvieran mejor o peor, formaba parte del matrimonio. Responsabilidad, en muchos casos el hombre era el garante económico de la familia. Tradición, era lo que había que hacer. Respeto hacia sí mismo y hacia el entorno. Sexo, monaguillo o matrimonio, aquí no había más misterio. Trabajo, este punto es muy importante. Trabajo porque se concebía a la familia como un trabajo más, y el trabajo había que hacerlo bien. De esta manera el cortejo formaba parte natural de la familia, de la relación. Con lo de cortejo me refiero a las tradiciones y rituales familiares que seguían, que continuaban en el tiempo. Me refiero al traje planchado para ir a misa los domingos, a los zapatos impolutos, al sombrero… Por supuesto que este señor tenía sus dudas y sus inquietudes personales, pero quedaban relegadas a un segundo plano ante un bien superior, que era el bien de la familia.

¿Qué pasa ahora? ¿Qué ha cambiado para que el hombre se pare a mitad de camino? Vamos a analizar cómo dicen las redes sociales que utilizamos todos los días, que tenemos que relacionarnos con los demás: Di lo que piensas. Muéstrate tal como eres. No mientas. Sé tú mismo. Y este cambio, es más profundo de lo que parece.

Antes hablábamos del cortejo, y el cortejo siempre ha estado relacionado a lo largo de la historia, no con engañar, porque la palabra engañar es horrible, pero con disfrazar la verdad. El cortejo a lo largo de la historia, de la literatura o del cine, ha estado relacionado con el disfraz, con el teatro, con el vodevil. Pero hoy nos dicen no mientas, compórtate tal como eres, sé tú mismo. Y la idea del sé tú mismo, ha encajado como anillo al dedo al treintañero en crisis que pulula los domingos por la Latina. La idea del sé tú mismo es la respuesta a las plegarias del Peter Pan flojeras. ¿Qué digamos lo que pensamos? Pues venga, esto es lo que pensamos: ¿Por qué tengo que comprometerme? ¿Por qué tengo que avanzar, si no quiero? ¿Por qué tengo que invitarla a cenar? ¿Por qué tengo que tratar el sexo como un premio cuando lo tengo al alcance de la mano? ¿Por qué tengo que disfrazarme para cortejarla? ¿Por qué no puedo decirle que tengo dudas, si es que tengo dudas? Toma, mis dudas, cómete tú el marrón. ¿Por qué tengo que comprarla con regalos?

Cuando preparaba esta charla, pregunté a todas mis amigas cuál era el nexo en común entre sus últimos fracasos sentimentales. Curiosamente, en muchos casos se repetían tres palabras. Horribles, pero se repetían: Son. Unos. Niñatos. No saben lo que quieren. El síndrome de Peter Pan, en psicología, hace referencia al hombre que no quiere crecer, el hombre que no quiere madurar, que se niega a seguir avanzando pantallas en la curva que hemos visto antes. Porque madurar supone sacrificios. Y a pregunta que se hace Peter Pan tiene su lógica, ¿Por qué tengo que sacrificarme si tengo lo que quiero al alcance de la mano? Hay ocho millones de solteros en España.

Reshape: Recuperar valores del pasado. Creo que la nostalgia casi siempre es un error. Creo sinceramente que en estas dos generaciones hemos avanzado en todo muchísimo: en libertad, en igualdad, en acceso a conocimiento, en el peso de la mujer en la sociedad. Pero también creo, que en este camino, hemos olvidado un detalle muy importante: Una relación siempre es un proceso. Siempre lo es. Y ese proceso exige pequeños sacrificios. Y en ese camino, no tiene sentido el cuento chino del Sé tú mismo. Así que hoy me permito lanzar una idea un pelín diferente: No seas tú mismo. En lugar de eso, Sé la mejor versión de ti mismo. No enseñes lo que eres, sino lo que podrías llegar a ser. Y, quién sabe, algún día a lo mejor acabas siéndolo.

Gracias.

¿Sé tú mismo? Jesús Terrés.

 

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