Pide que tu camino sea largo.

No viajas para cambiar de aires, viajas para cambiarte a ti mismo.

Recuérdalo la próxima vez que viajes.

Ítaca

De niño, cuando anhelaba marcharme muy lejos de casa, la imagen que tenía en mi cabeza era la de la escapada: mi menuda silueta partiendo a buen paso. En mi mente no aparecía la palabra viaje, tampoco transformación, mi perdurable deseo nunca expresado. Quería hallar una nueva personalidad en un escenario distante, y otras cosas diferentes que ocuparan mi tiempo. La importancia de ese otro lugar se convirtió en una cuestión de fe. Era el sitio en el que quería estar. Demasiado joven para partir, leía sobre esos lugares lejanos, y fantaseaba sobre mi libertad. Los libros fueron mi camino. Y luego, cuando tuve edad suficiente para marcharme, los caminos que recorrí se convirtieron en el tema obsesivo de mis propios libros. Con el tiempo descubrí que los viajeros más entusiastas habían sido también lectores y escritores entusiastas.

Considero el deseo de viajar una cualidad intrínsecamente humana: las ganas de movimiento, para satisfacer tu curiosidad o apacentar tus temores; para cambiar tus circunstancias vitales y transformarte en un forastero; para hacer un amigo; para apreciar un paisaje exótico; para aventurarte en lo desconocido; o para dejar testimonio de las repercusiones, trágicas o cómicas, del narcisismo de las pequeñas diferencias que sugestiona a algunos.

El Tao del Viajero. Paul Thoreaux

ÍTACA

Cuando partas hacia Ítaca
pide que tu camino sea largo
y rico en aventuras y conocimiento.
A Lestrigones, Cíclopes
y furioso Poseidón no temas,
en tu camino no los encontrarás
mientras en alto mantengas tu pensamiento,
mientras una extraña sensación
invada tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones, Cíclopes
y fiero Poseidón no encontrarás
si no los llevas en tu alma,
si no es tu alma que ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que muchas mañanas de verano hayan en tu ruta
cuando con placer, con alegría
arribes a puertos nunca vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finos objetos:
madreperla y coral, ámbar y ébano,
sensuales perfumes, – tantos como puedas-
y visita numerosas ciudades egipcias
para aprender de sus sabios.

Lleva a Ítaca siempre en tu pensamiento,
llegar a ella es tu destino.
No apresures el viaje,
mejor que dure muchos años
y viejo seas cuando a ella llegues,
rico con lo que has ganado en el camino
sin esperar que Ítaca te recompense.

A Ítaca debes el maravilloso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino
y ahora nada tiene para ofrecerte.
Si pobre la encuentras, Ítaca no te engañó.
Hoy que eres sabio, y en experiencias rico,
comprendes qué significan las Ítacas.

Constantino Cavafis

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The nowhere that lies between.

Dostoyevsky

“You would like to tote up how many hours you have spent traveling […] but you wouldn’t know how to begin, you have lost track of how many trips you have made in America, have no idea how often you have left America and gone abroad, and therefore you could never come up with an exact or even approximate number to tell you how many thousand of hours of your life have been spent in between places, going from here to there and back, the mountains of time you have given over to sitting in airplanes, buses, trains, and cars, the time squandered fighting to overcome the effects of jet lag, the boredom of waiting for your flight to be announced in airports, the deadly tedium of standing around the luggage carrousel as you wait for your bag to tumble down the chute, but nothing is more disconcerting to you than the ride in the plane itself, the strange sense of being nowhere that engulfs you each time you step into the cabin, the unreality of being propelled through space at five hundred miles an hour, so far off the ground that you begin to lose a sense of your own reality, as if the fact of your own existence were slowly being drained out of you, but such is the price you pay for leaving home, and as long as you continue to travel, the nowhere that lies between the here of home and the there of somewhere else will continue to be one of the places where you live.

Winter Journal Paul Auster 

Ojos brillantes.

Estamos a punto de terminar esta semana mágica en la montaña, y vamos a volver al mundo. Y digo, es apropiado que nos hagamos la pregunta: ¿Quiénes estamos siendo ahora que volvemos al mundo?Y, saben, yo tengo una definición del éxito. Para mí es muy simple. No se trata de riqueza y fama y poder. Se trata de cuántos ojos brillantes hay a mi alrededor.

Y ahora tengo una última reflexión, y es que realmente marca una diferencia aquello que decimos. Las palabras que salen de nuestra boca. Lo aprendí de una mujer que sobrevivió a Auschwitz, una de las pocas supervivientes. Fue a Auschwitz cuando tenía 15 años, y el hermano tenía ocho, y sus padres desaparecidos. Y me contó esto, me dijo, “Íbamos en el tren rumbo a Auschwitz y miré hacia abajo y vi que a mi hermano le faltaban los zapatos. Y le dije: “¿Eres tan tonto que ni siquiera puedes conservar tus cosas por el amor de Dios?” — como cualquier hermana mayor puede hablarle a un hermano menor. Por desgracia, fue lo último que le dijo porque no volvió a verlo nunca. Él no sobrevivió. Y cuando salió de Auschwitz, hizo una promesa. Me dijo esto. Dijo: “Salí de Auschwitz a la vida e hice una promesa. Y la promesa fue, nunca diré nada que no pueda quedar como lo último que dije”.¿Podemos hacerlo? No. Y nos lastimaremos y lastimaremos. Pero es una posibilidad a adoptar en la vida. Gracias. Ojos brillantes, ojos brillantes. Gracias, gracias.

El hecho de jugar a ser menos no sirve al mundo.

Dare

Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados.
Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos sin límite.

Es nuestra luz, no la oscuridad lo que más nos asusta.
Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante,
precioso, talentoso y fabuloso?
En realidad, ¿quién eres tú para no serlo?
Eres hijo de Dios.

El hecho de jugar a ser menos no sirve al mundo.
No hay nada iluminador en encogerte
para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras.

Nacemos para hacer manifiesta la gloria de Dios
que está dentro de nosotros.
No solamente en algunos de nosotros:
Está dentro de todos y cada uno.

Y mientras dejamos brillar nuestra propia luz,
inconscientemente damos permiso
a otras personas para hacer lo mismo.

Y al liberarnos de nuestro miedo,
nuestra presencia automáticamente libera a los demás.

 

Marianne Williamson

La historia del cosmonauta ruso.

¿Conoces la historia del cosmonauta ruso? Es el primer hombre que sale al espacio, ¿vale? Los rusos ganan a los americanos. Así que sube en una gran nave espacial, pero la única parte habitable de ella es muy pequeña. El cosmonauta tiene una ventanilla, y mira por ella y ve la curvatura de la Tierra, por primera vez. O sea, es el primer hombre que mira y ve el planeta del que viene. Y en ese momento está perdido.

De repente, un extraño ruido: Tac, tac, tac… Empieza a salir de la consola; desmonta el panel de control, saca las herramientas. Intenta descubrir el sonido, intenta detener el sonido, pero no lo encuentra. No puede pararlo, continúa… Tac, tac, tac… A las pocas horas, empieza a ser una tortura. Pasan unos días con ese sonido, y él sabe que ese ruidito lo trastornará. Enloquecerá. Bueno, ¿qué va a hacer? ¡Está en el espacio sólo, en un armario espacial! Le queda pasar veinticinco días con ese soniquete.

Entonces, el cosmonauta decide que el único modo de conservar la cordura, es enamorarse de ese sonido. Así que cierra los ojos, Tac, tac, tac… y se sume en su imaginación. Tac, tac, tac… Y cuando los abre, ha dejado de oír el sonido, oye música. Y pasa el resto del tiempo navegando por el espacio en total placidez, y paz.

Otra Tierra.

La justicia es más sublime y menos fácil de comprender.

Unwoven light

“-¿Quién ha dicho que usted –replicó Isaac Penn–, un simple hombre, pueda percibir siempre la justicia? ¿Quién ha dicho que la justicia es lo que usted supone? ¿Está seguro de que sabrá reconocerla cuando la vea, de que vivirá el tiempo suficiente para distinguir el contundente estruendo que la acompaña, de que puede manifestarse dentro de una generación, dentro de diez generaciones, dentro de la existencia humana en toda su extensión?

Usted habla de sentido común, no de justicia. La justicia es más sublime y menos fácil de comprender…, hasta que se presenta con su inconfundible esplendor. El plan del que le hablo escapa a nuestra comprensión, pero a veces intuimos su presencia.

Ningún coreógrafo, arquitecto, ingeniero o pintor podría trazar un plan más exhaustivo y sutil. Todas las acciones y todos los escenarios cumplen una función. Y cuanto menos poder se tiene, más cerca se está de las grandes olas que se extienden sobre todas las cosas preparándolas pacientemente para la llegada de un futuro que no estará marcado por la simple equidad humana (hasta a un niño se le podría ocurrir eso), sino por las conexiones luminosas y sorprendentes que no hemos imaginado, por ilustraciones aterradoras y benevolentes…, una edad de oro que no revelará lo que deseamos, sino alguna verdad cruda e incómoda sobre la que descansa cuando ha existido y existirá jamás. 

En el mundo hay justicia, Peter Lake, pero no puede alcanzarse sin misterio. Tratamos de obtenerla sin saber exactamente qué es y apenas la rozamos. Da lo mismo, porque a lo largo de todos los tiempos las llamas y las chispas de la justicia llegan a revitalizar épocas ocultas, como motores cuya potencia se desliza sobre líneas invisibles para elevarse inconsciente contra la oscuridad en ciudades remotas.”

Cuento de Invierno. Mark Helprin.

Por si mañana.

Def

“Querida Julia:

Te escribo ahora, mientras duermes, por si mañana ya no fuera yo el que amanece a tu lado. En estos viajes de ida y vuelta cada vez paso más tiempo al otro lado y en uno de ellos, ¿quién sabe?, temo que ya no habrá regreso.

Por si mañana ya no soy capaz de entender esto que me ocurre. Por si mañana ya no puedo decirte cómo admiro y valoro tu entereza, este empeño tuyo por estar a mi lado, tratando de hacerme feliz a pesar de todo, como siempre.

Por si mañana ya no fuera consciente de lo que haces. Cuando colocas papelitos en cada puerta para que no confunda la cocina con el baño; cuando consigues que acabemos riéndonos después de ponerme los zapatos sin calcetines; cuando te empeñas en mantener viva la conversación aunque yo me pierda en cada frase; cuando te acercas disimuladamente y me susurras al oído el nombre de uno de nuestros nietos; cuando respondes con ternura a estos arranques míos de ira que me asaltan, como si algo en mi interior se rebelase contra este destino que me atrapa.

Por esas y por tantas cosas. Por si mañana no recuerdo tu nombre, o el mío.

Por si mañana ya no pudiera darte las gracias.

Por si mañana, Julia, no fuera capaz de decirte, aunque sea una última vez, que te quiero.

Tuyo siempre.

T.A.M.R.”.

Por si mañana. Jesús Espada