Los caminos del viento.

Rocío Mora

Querido Stig:
Ojalá seamos dignos de tu desesperada esperanza. Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano.

Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.

Ojalá podamos merecer que nos llamen locos, como han sido llamadas las Madres de Plaza de Mayo, por cometer la locura de negarnos a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.

Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.

Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.

Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen frontera los mapas del alma ni el tiempo.

Galeano

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El club de los corazones solitarios.

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Las grandes decepciones nos hacen refugiarnos en las cosas pequeñas. Eso es lo que me está pasando a mí. Vuelvo a escuchar las canciones que me gustaban en mi adolescencia, hojeo viejas novelas con páginas ajadas por el tiempo, me pregunto qué será de aquella chica con la que me crucé una tarde, sueño con barrios que ya no existen, con amigos que he perdido para siempre.

Me había hecho la ilusión de que mi vida sería mejor al conquistar ciertas metas, al lograr cierto grado de bienestar y de reconocimiento profesional, pero ahora siento una añoranza irresistible por el pasado, cuando no poseía nada pero tenía todo el tiempo por delante.

Mi mayor placer ha sido no hacer nada, la ensoñación pura y dura. Mi distracción favorita era la de observar a las personas y las cosas. Cuando era niño, me pasaba horas mirando las orillas del Ebro y el curso del agua, que ejercía sobre mí una atracción hipnótica. Y ahora disfruto de los atardeceres rojos de este Madrid en primavera.

No creo que lo que da sentido a nuestra existencia sea acumular poder o lograr un alto nivel de vida material, lo verdaderamente esencial es comprender. Y ello es extremadamente doloroso porque, en última instancia, comprender es darse cuenta de la fragilidad de todo lo que nos rodea.

Cuando uno se acerca a los 60 años, empieza a tomar conciencia del carácter perecedero de lo que importa, de las personas que jamás volveremos a ver, de los libros que no leeremos, de los sentimientos que no podremos recobrar. Entramos sin ser todavía conscientes en el club de los corazones solitarios.

Recuerdo con extraordinaria viveza, como si hubieran sucedido ayer, cosas que me pasaron hace más de 40 años. Y asocio esa impresión de pérdida a lo que debe experimentar una persona que siente todavía el brazo que le han amputado.

Me gusta retornar a los sitios que forman parte de mi historia. Pero ello siempre me produce frustración porque nunca están como yo me los imaginaba en mi memoria. Todo fluye, todo cambia menos nosotros, que somos arrastrados por el paso de un tiempo que nos destruye. Esa conciencia de la fugacidad hace más precioso cada instante porque en él se condensa toda la eternidad.

Así lo expresa de forma poética Leo Ferré en La solitude: «es inútil mirar detrás de ti porque el futuro y el pasado se confunden como el día sucede a la noche».

Cuartango

We’ve conquered the atom, but not our prejudice.

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The paradox of our time in history is that we have taller buildings but shorter tempers, wider freeways, but narrower viewpoints. We spend more, but have less; we buy more, but enjoy less. We have bigger houses and smaller families, more conveniences, but less time. We have more degrees but less sense, more knowledge, but less judgment, more experts, yet more problems, more medicine, but less wellness.

We drink too much, smoke too much, spend too recklessly, laugh too little, drive too fast, get too angry, stay up too late, get up too tired, read too little, watch TV too much, and pray too seldom. We have multiplied our possessions, but reduced our values. We talk too much, love too seldom, and hate too often.

We’ve learned how to make a living, but not a life. We’ve added years to life not life to years. We’ve been all the way to the moon and back, but have trouble crossing the street to meet a new neighbor. We conquered outer space but not inner space.

We’ve done larger things, but not better things. We’ve cleaned up the air, but polluted the soul. We’ve conquered the atom, but not our prejudice. We write more, but learn less. We plan more, but accomplish less. We’ve learned to rush, but not to wait. We build more computers to hold more information, to produce more copies than ever, but we communicate less and less.

These are the times of fast foods and slow digestion, big men and small character, steep profits and shallow relationships. These are the days of two incomes but more divorce, fancier houses, but broken homes.

These are days of quick trips, disposable diapers, throwaway morality, one night stands, overweight bodies, and pills that do everything from cheer, to quiet, to kill. It is a time when there is much in the showroom window and nothing in the stockroom. A time when technology can bring this letter to you, and a time when you can choose either to share this insight, or to just hit delete.

Remember; spend some time with your loved ones, because they are not going to be around forever. Remember, say a kind word to someone who looks up to you in awe, because that little person soon will grow up and leave your side.

Remember to give a warm hug to the one next to you because that is the only treasure you can give with your heart and it doesn’t cost a cent. Remember, to say, “I love you” to your partner and your loved ones, but most of all mean it. A kiss and an embrace will mend hurt when it comes from deep inside of you. Remember to hold hands and cherish the moment for someday that person will not be there again. Give time to love, give time to speak and give time to share the precious thoughts in your mind.

La disonancia.

Fabio Bucciarelli

¿Te das cuenta? Mientras más espíritu y más vida interna haya en nosotros mismos, más hermoso será nuestro rincón y nuestra vida. Por supuesto es aterradora la disonancia, aterrador el desequilibrio que nos presenta la sociedad. Lo exterior debe estar en equilibrio con lo interior. De otra manera, ante la ausencia de fenómenos exteriores, lo interior adquiere una preeminencia demasiado peligrosa. Los nervios y la fantasía ocupan un lugar demasiado grande en el ser. Todo fenómeno exterior nos parece colosal, por nuestra falta de costumbre, y de alguna manera nos asusta. Uno comienza a tener miedo a la vida.

Noches Blancas. Dostoyevski