And all Paris belongs to me.

-If you are lucky enouh to have lived in Paris as a young man,

then wherever you go for the rest of your life, it stays with you, for Paris is a moveable feast.

Midn

“I’ve seen you, beauty, and you belong to me now, whoever you are waiting for and if I never see you again. I thought. You belong to me and all Paris belongs to me and I belong to this notebook and this pencil.

Then I went back to writing and I entered far into the story and was lost in it, I was writing it now and it was not writing itself and I did not look up nor know anything about the time nor think where I was nor order any more rum St James. I was tired of rum St James without thinking about it. Then the story was finished and I was very tired. I read the last paragraph and then I looked up and looked for the girl and she had gone. I hope she’s gone with a good man, I thought. But I felt sad.”

A Moveable Feast. Ernest Hemingway.

Es un hecho aislado, pero que nos une al mundo.

Fog

A veces una especie de gloria ilumina la mente del hombre; le ocurre a casi todo el mundo. Se la puede sentir creciendo o preparándose, como una mecha que arde hacia la dinamita. Es una sensación en el estómago, un deleite de los nervios, de los antebrazos. La piel saborea el aire, y cada profunda aspiración tiene un dulce regusto. Su comienzo produce el mismo placer que un gran bostezo; centellea en el cerebro y todo el mundo brilla con luz propia. Se puede haber vivido durante toda la vida de una manera gris, contemplando la tierra y los árboles oscuros y sombríos. Los acontecimientos, incluso los más importantes, se han deslizado inexpresivos y pálidos. Y de repente, surge la gloria: y entonces se encuentra dulce el canto de los grillos, y el perfume de la tierra se alza como una canción hasta el olfato, y la luz que forma motas bajo un árbol es una bendición para los ojos. Entonces, el hombre abre su corazón, pero no por ello se siente inferior. Y me atrevería a afirmar que la importancia de un hombre en el mundo puede medirse por la calidad y número de sus momentos de gloria. Es un hecho aislado, pero que nos une al mundo. Es la fuente de toda creación, y lo que nos diferencia de los demás.
(…)

En una época como ésta, me parece bueno y natural hacerme las siguientes preguntas: ¿En qué creo? ¿Por qué debo luchar, y contra qué debo luchar?

Nuestra especie es la única capaz de crear, y posee solamente un instrumento de creación: la mente individual de cada hombre. Nunca dos hombres crearon algo. No existen buenas colaboraciones cuando se trata de música, arte, poesía, matemáticas o filosofía. Después que ha tenido lugar el milagro de la creación, el grupo puede adaptarlo y extenderlo, pero nunca inventarlo. Lo valioso siempre está oculto en la mente solitaria de un hombre. Y ahora, las fuerzas reunidas en torno al concepto de grupo han declarado una guerra exterminadora a esa entidad tan rara y preciosa, es decir, a la inteligencia humana. Por el menosprecio, por el hambre, por las represiones, por las imposiciones forzosas y los aturdidos martillazos del acondicionamiento, el espíritu libre y andariego se encuentra perseguido, aherrojado, embotado y emponzoñado. Es una triste carrera hacia el suicidio la que parece haber emprendido nuestra especie.

Pero yo creo que la mente libre e investigadora del individuo es la cosa más valiosa del mundo. Y por eso lucharé a favor de la libertad de pensamiento, para que pueda seguir la dirección que desee, sin imposiciones ni ataduras. Y lucharé contra cualquier idea, religión o gobierno que limite o destruya al individuo. Así soy y así seré. Comprendo que un sistema construido sobre un molde determinado trate de destruir el espíritu libre, porque éste representa una amenaza para su supervivencia. Por supuesto que lo comprendo, pero lo detesto, y lucharé contra ello para preservar lo único que nos diferencia de las bestias incapaces de crear.

Si la gloria puede ser aniquilada, estamos perdidos.

Al Este del Edén. John Steinbeck

When she’d look at me I’d look away.

The W

I remember once when I was young, and I was coming back from some place, a movie or something. I was on the subway and there was a girl sitting across from me, and she was wearing this dress that was buttoned queer up right to here, she was the most beautiful thing I’ve ever seen. And I was shy then, so when she would look at me I’d look away, then afterwards when I’d back she’d look away. Then I got to where I was gonna get off, and got off. The doors closed, and as the train was pulling away she looked right at me and gave me the most incredible smile. It was awful, I wanted to tear the doors open. And I went back everynight, same time, for 2 weeks, but she never showed up. That was 30 years ago and I don’t think there’s a day that goes by that I don’t think about her.

An Indecent Proposal.