Consejos a un escritor. (I)

«31 años es una edad importante. La decena nos forma como niños. La veintena como adultos. La treintena nos convierte en hombres, o no. Y 31 años significa que ha pasado ese umbral.»

Joël Dicker.

Shaks

  1. El primer capítulo, Marcus, es esencial. Si a los lectores no les gusta, no leerán el resto del libro. ¿Cómo tiene empezado empezar el suyo?

­—No lo sé Harry ¿Cree usted que algún día lo conseguiré?

—¿El qué?

—Escribir un libro.

—Estoy convencido de ello.


  1. El capítulo dos es muy importante, Marcus. Debe ser incisivo, contundente.

—¿Como qué, Harry?

—Como cuando boxea. Es usted diestro, pero en posición de defensa es siempre su puño izquierdo el que está adelantado: el primer directo aturde a su adversario, seguido de un poderoso gancho de derecha que le tumba. Eso es lo que debería ser el capítulo dos: un derechazo en la mandíbula de los lectores.


29. Me gustaría enseñarle a escribir, Marcus, no para que sepa escribir, sino para convertirle en escritor. Porque escribir libros no es nada: todo el mundo sabe escribir, pero no todo el mundo es escritor.

—¿Y cómo sabe uno que es escritor, Harry?

Nadie sabe que es escritor. Son los demás los que se lo dicen.


  1. Harry, si tuviera que quedarse con una sola de todas us lecciones, ¿cuál sería?

—Le devuelvo la pregunta.

—Para mí sería la importancia de saber caer.

—Estoy completamente de acuerdo con usted. La vida es una larga caída, Marcus. Lo más importante es saber caer.


  1. Harry, tengo una duda sobre lo que estoy escribiendo. No sé si es bueno. Si merece la pena…

—Póngase el pantalón corto, Marcus. Y vaya a correr.

—¿Ahora? Está lloviendo a cántaros.

—Ahórrese los lloriqueos, señorita. La lluvia no ha matado nunca a nadie. Si no tiene el valor de salir a correr bajo la lluvia, no tendrá el valor de escribir un libro.

—¿Es otro de sus famosos consejos?

—Sí. Y éste es un consejo aplicable a todos los personajes que viven dentro de usted: el hombre, el boxeador, el escritor. Si un día tiene dudas sobre lo que está haciendo, vaya y corra. Corra hasta perder la cabeza: sentirá nacer dentro de usted la rabia de vencer. ¿Sabe, Marcus?, y también odiaba la lluvia antes…


  1. Si los escritores son seres tan frágiles, Marcus, es porque pueden conocer dos clases de dolor afectivo, es decir, el doble que los seres humanos normales: las penas del amor y las penas de libro. Escribir un libro es como amar a alguien: puede ser muy doloroso.

  1. En el fondo, Harry, ¿cómo se convierte uno en escritor?

—No renunciando nunca. Mire, Marcus, la libertad, el deseo de libertad es una guerra en sí mismo. Vivimos en una sociedad de empleados de oficina resignados y, para salir de esa trampa, hay que luchar a la vez contra uno mismo y contra el mundo entero. La libertad es un combate continuo del que somos poco conscientes. No me resignaré nunca.


  1. Póngase en guardia, Marcus.

—¿En guardia?

—Sí. ¡Vamos! Levante los puños, separe las piernas, prepárese para el combate. ¿Qué siente?

—Me… Me siento dispuesto a todo.

—Muy bien. ¿Ve? Escribir y boxear se parecen tanto… Uno se pone en guardia, decide lanzarse a la batalla, levanta los puños y se enfrenta al adversario. Con un libro es más o menos lo mismo. Un libro es una batalla.


  1. ¿Y los personajes? ¿En quién se inspira para los personajes?

—En todo el mundo. Un amigo, la mujer de la limpieza, el empleado de la ventanilla del banco. Pero cuidado: no son las personas mismas las que inspiran, sino sus acciones. Su forma de actuar es lo que hace pensar que podrían ser personajes de una novela. Los escritores que dicen que no se inspiran en nadie mienten, pero hacen bien en hacerlo: así se ahorran un montón de problemas-

—¿Y eso?

—El privilegio del escritor, Marcus, es que puede ajustar cuentas con sus semejantes gracias a su libro. La única regla es no citarlos directamente. Nunca por su nombre: es una puerta abierta a denuncias y tormentos. ¿En qué número estamos de la lista?

—El 23.

—Entonces será el 23, Marcus: no escriba más que ficción. El resto sólo le traerá problemas.


  1. Harry, ¿cómo se puede confiar en tener siempre la fuerza para escribir libros?

—Algunos la tienen, otros no. Usted la tendrá, Marcus. Estoy seguro de que la tendrá.

—¿Cómo puede tenerlo tan claro?

Porque está dentro de usted. Es una especie de enfermedad. La enfermedad del escritor, Marcus, no es la de no poder escribir más: es la de no querer escribir más y ser incapaz de dejarlo.


  1. Marcus, ¿sabe cuál es el único modo de medir cuánto se ama a alguien?

—No.

Perdiendo a esa persona.


  1. Harry, ¿hay algún orden en todo esto que me está contando?

—Claro que sí…

—¿Cuál? —Cierto. Ahora que me lo pregunta, quizás no lo haya.

—¡Pero Harry! ¡Esto es importante! ¡No lo conseguiré si no me ayuda!

—Bueno, mi orden no importa. Es el suyo el que cuenta al final. ¿En qué número estamos? ¿19?

—En el 20.

—Entonces, 20: la victoria está en usted, Marcus. Basta con querer dejarla salir.

La verdad sobre el caso Harry Quebert. Joël Dicker

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