Consejos a un escritor. (III)

Libros

  1. Las palabras están bien, Marcus. Pero no escriba para que le lean: escriba para ser escuchado.

  1. Quien arriesga gana, Marcus. Piense en este lema cada vez que se enfrente a una elección difícil. Quien arriesga gana.

  1. Anhele el amor, Marcus. Haga de él su más hermosa conquista, su única ambición. Después de los hombres, habrá otros hombres. Después de los libros, hay otros libros. Después de la gloria, hay otras glorias. Después del dinero, hay más dinero. Pero después del amor, Marcus, después del amor, no queda más que la sal de las lágrimas.

  1. Ya ves usted, Marcus, las palabras están bien, pero a veces son vanas y no bastan. Llega un momento en que ciertas personas no quieren escucharle.

—¿Qué se debe hacer entonces?

—Agarrarlos por el cuello y presionar con el codo en su garganta. Con fuerza.

—¿Para qué?

—Para estrangularlos. Cuando las palabras no basten, reparta algunos puñetazos.


  1. Un nuevo libro, Marcus, es una nueva vida que empieza. Es también un momento de gran altruismo: ofrece usted, a quien quiera descubrirla, una parte de sí mismo. Algunos le adorarán, otros le odiarán. Algunos le convertirán en una estrella, otros le despreciarán. Algunos se sentirán celosos, otros interesados. No es para ellos para quienes escribe usted, Marcus. Sino para todos los que, en su vida diaria, habrán pasado un buen momento gracias a Marcus Goldman. Me dirá usted que no es gran cosa, y sin embargo, no está nada mal. Algunos escritores quieren cambiar el mundo. Pero ¿quién puede realmente cambiar el mundo?

  1. Cuando llegue al final del libro, Marcus, ofrezca a sus lectores un giro argumental de último minuto.

—¿Por qué?

—¿Por qué? Porque hay que tener al lector en vilo hasta el último momento. Es como cuando juega a las cartas: debe guardar algunos triunfos para el final.


  1. Su vida estará salpicada de grandes acontecimientos. Menciónelos en sus libros, Marcus. Porque si al final se revelan nefastos, al menos tendrán el mérito de marcar algunas páginas de la Historia.

  1. A veces le vencerá el desaliento, Marcus. Es normal. Le decía que escribir es como boxear, pero también es como correr. Por eso me paso el día mandándole a la calle: si tiene la fuerza moral para realizar carreras largas, bajo la lluvia, con frío, si tiene la fuerza de terminar, de poner en ello toda su fortaleza, todo su corazón, y llegar hasta el final, entonces será capaz de escribir. No deje nunca que se lo impida el cansancio ni el miedo. Al contrario, utilícelos para avanzar.

  1. Un buen libro, Marcus, no se mide sólo por sus últimas palabras, sino por el efecto colectivo de todas las palabras precedentes. Apenas medio segundo después de haber terminado el libro, tras haber leído la última palabra, el lector debe sentirse invadido por un fuerte sentimiento; durante un instante, sólo debe pensar en todo lo que acaba de leer, mirar la portada y sonreír con un gramo de tristeza porque va a echar de menos a todos los personajes. Un buen libro, Marcus, es un libro que uno se arrepiente de terminar.

La verdad sobre el caso Harry Quebert. Joël Dicker

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