Buscad arrecifes y cosas que brillen.

Dive

Tristán, merluzo; Alma, sirena:

Supongo que ya habéis asumido que no sé vivir fuera del Submarino: me ahogaría en cuanto abandonara la isla. Por cierto, habéis dejado esto hecho unos zorros, parece un parque abandonado y los dueños os quieren matar. Además, ahora ya no hay nada de música, ni de la de mierda ni de la de verdad: aquí no cantan ni los loros. (…)

Lo de la noche del mambo fue el canto del delfín, o del cisne. La última vez. La puta hostia. La repanocha, si está leyendo esto la señorita. Nunca pensé que volvería a sentir algo así: volví a la vida, chavales. Pero todo esto es como la canción perfecta: la he vuelto a encontrar, pero tengo miedo de intentar repetirlo y que no me guste. Aquello fue fenómeno, y yo ya tengo mandanga para tirar el tiempo de vida que me quede. Soy un salmón cayendo cansado río abajo, pero vosotros me hicisteis subir hasta la cima otra vez. Y eso ya es fenomenal. Sois unos pirámides cuando queréis.

Tristón, ya sabes que hay dos cosas que no dejan que me mueva: el puto calor y la nostalgia del futuro. Si es que ya lo has entendido, que a veces eres más tonto que el payaso que recibe las hostias. Tristán, Tristón, Tritón, merluzo: aprovecha lo que tienes, acércate a gente como Alma, a gente del futuro aún por descubrir, para activarte tú. Eres un mierda, pero cuando te calientas tienes más fuerza que un ciclón. Deja ya de ver documentales y de leer libros y empieza a vivir las cosas; igual no las vivas tanto como yo, o hazlo de otra forma, pero no te quedes quieto.

Deja que me ponga un poco sentimental, soy un abuelo duro de roer, pero también puedo ponerme tierno como si cantara una canción de amor, soy un hombre maduro muy bien parecido y de acusada sensibilidad: durante un tiempo, yo volví a ser un precioso atún y tú un delfín. Ya sabes que nadan juntos por el océano, en los trópicos o en el Índico, no sé, uno da saltos y el otro conoce el camino de las profundidades, uno es joven y bonito y el otro tiene una carne muy sabrosa (algo que, Alma, sirena, nena, podrías haber comprobado cuando quisieras). Nadie sabe si es el delfín que tira del atún o el atún es que persigue al delfín, pero el caso es que los dos buscan la misma comida y se ayudan. Buscamos las risas, las canciones, los cuentos, los tragos y las mujeres. Bueno, Tritón, en tu caso, las mujeres te encuentran a ti, que si tuvieras que buscarlas tú aún estarías jugando con tu manubrio como si no hubiera un mañana.

Muchas gracias por nadar a mi lado todo este tiempo, Tristón, aunque sé en el fondo de mi corazón que el que debe estar más agradecido por la belleza y experiencia del compañero de viaje eres tú, claro.

Dejadme que me ponga un poco sarasa, en plan Tristán: vosotros sois peces dorados, de los que dibujan círculos elegantes y esquivan los problemas, pero cuidado con los peces globo. Cuidado, de verdad: son peligrosos. Son unos verdaderos cabrones, los peces globo. El veneno de un pez malo puede ser mil doscientas veces más mortal que el cianuro: uno solo puede matar con su veneno a treinta personas. ¡Qué digo a treinta!, ¡a cincuenta, si es cabrón de verdad! Alejaos de la gente que no os quiera, porque os vais a cruzar con muchos peces de ésos.

Villa Verano era la aleta de una ballena azul la hostia de grande, dormida antes que llegarais. Nosotros éramos tan pequeños, nos sentíamos tan mierdecillas, que no sabíamos que aquello no era tierra firme, no sabíamos que aquello  podía llegar a levantarse y llevarnos a algún sitio. Como en el libro aquel que soñaste y que me contaste (que todo lo aprendes en los putos libros). Yo, de hecho, creo que estaba dentro de la ballena: El Submarino debía de ser el estómago de una ballena enorme. Gracias a vosotros, la ballena me escupió. Despertó, yo desperté, la isla voló durante una noche y voló como en tu sueño, y todo gracias a vosotros. Como en el otro libro aquel del que me hablabas, Tristón, los gélidos alienígenas a tomar por culo gracias a la música, los altavoces a toda mecha.

Vosotros sois como el estribillo de una canción, pero los estribillos no se pueden repetir muchas veces. Así que aquí estoy, muy lleno con lo que he vivido con vosotros, tranquilo, perdiéndome algo pero al menos no perdido del todo. No os preocupéis, de verdad, los salmones viejos somos como los peces abismales, o algo así (es decir: los peces del fondo del mar, Tristón, que hay que explicártelo todo): no sabemos consolar incluso estando solos, y no me refiero a consolarnos como lo haces tú, con el cinco contra uno, Tritón. No, nos consolamos con nuestros recuerdos, con lo que hemos comido en agua salada hace ya tiempo. Somos como peces abismales, ¿os lo había dicho? Somos feos, pero a cambio evitamos los arpones y los anzuelos, somos biluzminadores, o algo así, y eso quiere decir que tenemos luz propia, y también un poco de mala leche. Podemos estar a setecientos metros de profundidad, totalmente a oscuras, solos en el Universo, pero también podemos generar nuestra propia luz con el cuerpo y seguir nadando. Mientras nadamos no nos morimos, y os aseguro que llevo toda la vida nadando, así que nado de puta madre.

Alma y Tristán también nadan bien, y eso que Tristán es un renacuajo. Buscad arrecifes y cosas que brillen, nadad con otros peces que conozcan nuevas rutas, atentos a la música eléctrica de las focas y a las crestas de las olas, y a las resacas y a los rayos de sol y a todas las centellas. Nadad más y más. Practicad un poco más. Practicad en aguas dulces. Dentro de un tiempo, os echo una carrera.

Inocente, Capitán Nemo

Carta de ajuste –Hilo musical. Miqui Otero

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